Después de tanto tiempo sentía que la extrañaba. Mi mama y mi hermana se fueron de viaje, no me gusto ni despedirme, ahora pasa de todo en las calles. Estando fuera del control de mi papa, ¿Qué podría haberles pasado? Solo fue una semana, jamás pensé poder extrañarlas así, no me podía ni imaginar que el 25 de diciembre, ellas no estuvieran en la mesa con nosotros. Me mataban los días, no tenía respuesta.
Siempre he molestado a mis hermanas, pero ahora no tenia las fuerzas para hacerlo, me llegue hasta enfermar, no se si por lo del viaje o porque en verdad estaba enferma. Lo malo, es que yo soy como una clase de enferma emocional.
Todavía me acuerdo, cuando mi abuela estaba aquí todavía, me querían obligar a ir aun quinceañero. La ropa me hacia sangrar de dolor, era una obesa y no lo entendían, así que íbamos de tienda en tienda. Me llegaron a comprar una ropa muy absurda, propia de esas reuniones. Sin embargo, le prometí a mi abuela, con lagrimas, que no iba a llegar a ese compromiso. Así fue, no llegue a ir porque me dio fiebre. Fue un día tan feliz. Yo me conformo con poco.
Siguiendo con el tema de mi mama y mi hermana, me mataba la conciencia, pensando que tal vez les podría pasar algo y seria mi culpa. Tal vez porque mi mama me ofreció ir y yo rechacé la propuesta. Quien sabe y tal vez no hubo alguien que las pudiera agarrar cuando cayeran por un barranco, nunca se sabe.
Recibí una llamada, sentí alivio, pero también desespero. Si me llama, y sigue vive, tal vez es para regañarme por algo que hice, estoy haciendo, o tal vez vaya a hacer. Las madres son tan calculadoras.
Paso una semana, al fin llegaron. Me levante tarde y no llegue al desayuno familiar. Vi solo a mi hermana, estaba odiándome, porque lo primero que me dijo era que no iba a recibir regalos en navidad. No me importaba. De pronto, apareció esa señora a la que toda persona le debe un favor de por vida, justamente porque te la entregó. Mi madre. Vino muy contenta, diciendo que había bajado de peso, pero no porque quisiera, sino que no estaba acostumbrada a esa comida.
Simplemente, aprendí a que no debo bajar la guardia ni por un segundo, nunca sabes que día puedes morir, que hora, que minuto, que segundo… simplemente sucede.
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